La Inteligencia Artificial está presente cada vez más en nuestras vidas. Recurrimos a ella en diferentes tipos de situaciones. Pero como la IA es una creación humana, tiene los mismos problemas y carencias presentes en nuestra sociedad, como son los relacionados con la igualdad de género.
IA y su importancia
Las IAs que se usan actualmente están basadas en machine learning. Es el uso de algoritmos que se alimenta con datos para entrenarlas. Esos datos no son neutros, en mayoría de las ocasiones, lo que provoca que las IA acaben desarrollando comportamientos discrimatorios. Es decir, si no aplicamos un enfoque de género, pueden aparecer sesgos de género en la Inteligencia Artificial y esta acaba repitiendo los mismos comportamientos que imperan en la sociedad actual.
Tipos de sesgos
Un informe publicado por la Fundación Alternativas encuentra sesgos de datos y de diseño.
Como hemos dicho, el alto volumen de datos que maneja la IA no implica que los datos sean representativos de todas las realidades. En muchos casos, los datos provienen de la mayoría dominante e invisibiliza grupos sociales que siempre lo estaban. Y, claro, si los datos que entrenan la IA no representan todas las realidades, los resultados que se obtendrán estarán sesgados.
Respecto al diseño, hay un riesgo de que quienes diseñan los sistemas de Inteligencia Artificial viertan sus propios sesgos y estereotipos de género. Los ejemplos podrían ser diferentes asistentes virtuales que están entrenados para ser «asistenta» asociado con la mujer.
IA y sesgos
Si conseguimos aplicar un enfoque de género y eliminar los sesgos de la Inteligencia Artificial, esta tecnología podría solucionar problemas relacionados con la desigualdad.
La IA tiene el potencial enorme de aumentar la eficacia de los procesos de detección de problemas y predicción de soluciones. Sin embargo, para que las desigualdades no se perpetúen, es crucial integrar en ella la perspectiva de género, porque, como hemos dicho, los datos que utiliza no son neutros.


